Ciclos vitales
- Valentina García Acosta
- Apr 26, 2024
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Por: Valentina García Acosta

La madre de la autora embarazada de ella.
Uno, dos, tres, cuatro,
numeraba las cicatrices en las piernas y los brazos de su madre.
Su pecho olía a sal y a arcilla.
Sus pestañas cortas decoraban las pupilas profundas
que veían más allá de lo que ella y sus hermanos imaginaban.
Cinco, seis, siete, ocho,
veía crecer la luna,
rasgando el azul para llenarlo todo de luz blanca
acompañada por ojos que la guiaban desde lo alto.
Nueve, diez, once, doce,
agujereaba el suelo para insertar la semilla.
Los dedos se le hundían en la tierra húmeda y le ardía la espalda.
Trece, catorce, quince, dieciséis,
se despertaba sobre sábanas teñidas de rojo y marrón.
Las gotas de olor a hierro se le metían en las uñas y se le enredaban en el pelo.
Diecisiete, dieciocho, diecinueve, veinte,
oía los pasos que se acercaban en la penumbra.
Los grillos cantaban y había un olor a humo en el aire.
Ella cerraba los párpados y los dientes le mordían desde el interior,
comiéndosela a bocados.
Veintiuno, veintidós, veintitrés, veinticuatro.
empujaba con el vientre.
Era parecido al dolor conocido,
pero este la hundía hacia adentro.
Entre respiraciones y sudor,
salió de ella el llanto de la vida.
Veinticinco, veintiséis, veintisiete veintiocho,
la niña masticaba arena mientras contaba las cicatrices de su madre.
Sus dedos corrían por los rizos mojados,
tarareando una canción que danzaba con las olas.

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