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Corazonada o nada en tu corazón

Por: Alba Martínez Marcos


Imagen del videoclip “Las de la intuición” de Shakira.


La intuición ha adoptado posiciones de conflicto en momentos concretos de mi vida universitaria. Podría decirse que mantengo un debate abierto con la intuición, donde, a pesar del tiempo, aún no logró concluir sobre mi opinión acerca de la misma. Comencé a estudiar Trabajo Social en 2019 y la intuición ha sido un elemento adherido a la disciplina; ya sea como objeto opuesto al método científico o como objeto complementario a la intervención. A lo largo de los años he sido firme en cuanto a la defensa de mantener todo sesgo fuera del Trabajo Social. La intuición no es más que una forma de ocultar estereotipos y prejuicios, así como legitima la reproducción de dinámicas de poder entre profesional y persona usuaria.


Este rechazo no únicamente parte de mi fijación por silenciar mis inquietudes y priorizar la racionalidad y el control, sino que también la intuición es un modo de conocer la realidad vastamente denostada. Una jerarquía de saberes impuesta desde el período de la Ilustración ha dado forma a cómo la intuición es concebida y valorada. A pesar del empeño de Foucault por revalorizar la hermenéutica, la intuición es vista como impulsividad y ausencia de reflexión. Esa percepción denigrada está avalada socialmente, sin embargo, ¿no damos uso constante de la intuición en las acciones más cotidianas?


La toma de decisiones está ligada a experiencias previas que condicionan la forma de observar el mundo que nos rodea. Tales experiencias moldean la sensación de seguridad o de inseguridad frente a situaciones ya vividas. Tras esta definición, la intuición podría considerarse como un instinto animal, el cual no trata más que proteger de personas, lugares o actividades que pueden parecer aparentemente dañinas. La intuición, por lo tanto, a pesar de sentirse en las entrañas está delimitada por un aprendizaje experiencial. No obstante, el factor emocional es protagonista, y, por ello, la intuición continúa siendo cuestionada.


Paradójicamente, dicho cuestionamiento es fuertemente contradictorio con el eje de prioridades vitales. A pesar de que la intuición es socialmente vista como una herramienta poco estratégica para la toma de decisiones, los más profundos anhelos humanos, como el deseo, el éxito o el sentirse amada―los cuales, a su vez, también están definidos socialmente―solamente pueden entenderse desde la pasión y desde la vulnerabilidad. Por ejemplo, la música y la literatura como vehículos de la experiencia muestran la relación entre intuición y dichos anhelos para buscar un sentido trascendental.


“Yo me propongo ser de ti una víctima casi perfecta. Yo me propongo ser de ti un volcán hoy. El amor tal vez es un mal común. Y así como ves estoy viva aún. ¿Será cuestión de suerte? Y creo que empiezo a entender nos deseábamos desde antes de nacer. Tengo el presentimiento de que empieza la acción. Y las mujeres somos las de la intuición. Así, estoy dispuesta a todo, amor.” Las de la intuición. Shakira.


Ello conecta directamente con deseos generalizables que, al mismo tiempo, son vividos como particulares. Un verso puede despertar emociones universales, sin embargo, su personificación es lo que lo hace cercano, especial e íntimo. De tal manera, la intuición no únicamente forma parte de una cotidianeidad inconsciente, sino que, además, es la encargada de dictar juicios sobre aquellas cuestiones que nos apelan en la más profunda sensibilidad. Son todos aquellos asuntos en los cuales, por mucho empeño que una misma ejerza, lo visceral se subleva frente al dominio de las pasiones.


En consecuencia, podría pensarse que el debate gira alrededor del binomio racionalidad-emocionalidad, siendo éstas pensadas como estrategias separadas. No obstante, tomar las decisiones más acertadas parece ser una pieza puramente contextual. De nuevo, estoy a favor de alejar las ideas no contrastadas empíricamente de la intervención social. Ello no hace más que relativizar la disciplina a la par que fomenta como método de exclusión la primera imagen que pueda ser recibida de la persona usuaria. Sin embargo, en lo que atañe a cuestiones meramente personales, la conflictividad entre ambas partes es mayor. No logro decantarme. Cuando pienso que una posee más peso que la otra, ya sea mi ansia por el control o mi romanticismo naif parece quebrar la balanza. Mi intuición, por lo tanto, adquiere un carácter tanto de instinto de supervivencia como de positividad insensata. Me gustaría ser un cristal: liso, neutral, sin fracturas. No obstante, ¿no sentir esas corazonadas no hace que no sientas nada en tu corazón?

 
 
 

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