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El perdón de amar a alguien

Por: Miguel Jurado Rodríguez


Valparaíso, la joya del Pacífico.
Valparaíso, la joya del Pacífico.

Te perdono porque existes. Porque tus ojos 

están mirando a los míos 

haciendo que las galaxias se congelen 

por unos segundos.


Te perdono por viajarnos, 

por ese paseo calmo 

entre madroños y álamos.


Te perdono porque tu pelo azabache se refleja en el cristal que ilumina la pausa de esta noche.


Te perdono por tu tacto, al principio esquivo 

y luego certero, 

pero decididamente valiente.


Te perdono por tus labios, que guían y mantienen 

la electricidad de dos almas encontradas.


Te perdono por tu figura y tu sexo, 

por tu calor y tu frío, 

por tu enfado y tu risa, 

por tu contradicción palpitante.


Te perdono por tus ideas, 

tímidamente transmitidas 

y bellamente vulnerables; 

reflejo de una mente surrealista 

y excepcional, 

holística y diferenciada, 

coqueta y cruda. 

Eternamente escuchada.


Te perdono por tu delicadeza 

que se empapa de tu torpeza 

y hace caer en cascada 

tu suave simpatía.


Te perdono porque me haces sentir la epifanía que ningún ser humano sabrá poetizar.


Te perdono como un acto de valentía, 

sabiendo que cumples la promesa de brillar 

desde nuestra larga felicidad.


¿Sabes qué? Perdono desde la pena, ya que esos ojos tuyos 

no están leyendo estas palabras mías 

que nos piensan a nosotros.


 
 
 

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