La belleza en la repetición
- Andrés Eslava
- May 30, 2025
- 2 min read
Por: Andrés Eslava

Solemos creer que repetir algo es aburrido, o que es señal de que no estamos avanzando. Llevas tres meses estudiando un idioma, sin todavía saber mantener una conversación. Te sigue saliendo mal la tortilla. Otra vez la misma conversación con tu pareja. Pero si lo miramos bien, la repetición también tiene un lado muy valioso y encierra belleza. Es como una buena canción que vuelve una y otra vez: no cansa, al contrario, nos da calma. Hay una especie de magia en hacer algo muchas veces, porque cada repetición tiene una intención, un ajuste, una forma de hacerlo más nuestro.
Las rutinas diarias, esas que a veces sentimos como automáticas, también encierran belleza. Preparar un buen desayuno, salir a correr, acariciar a tu mascota… esos gestos repetidos son como anclas que nos sostienen cuando todo lo demás cambia. Nos dan estabilidad y, sin darnos cuenta, nos enseñan a estar presentes en lo simple.
Cuando se trata de aprender o mejorar en algo, repetir es clave. Nadie aprende a tocar un instrumento, a cocinar bien o a entender sus emociones con un solo intento. Repetimos para crecer. Y aunque parezca que no pasa nada, cada vez que lo hacemos, avanzamos un poquito más. A veces despacio, sí, pero siempre hacia adelante. Hay algo casi revolucionario en tener paciencia, en confiar en los cambios sutiles, a pesar de que la sociedad parece exigirnos inmediatez para todo, este tiempo en realidad nos pertenece, tenemos el derecho innato a usarlo en nuestro proceso, y en algunas ocasiones llegar disfrutar de estos intentos.
¡Y no!, tener que intentarlo de nuevo no es un fracaso, al igual que no tiene por qué resultar insulso el repetir cosas por placer o simplemente por necesidad.
También está el lado emocional: repetir un “te quiero”, un abrazo, una palabra de ánimo… no lo hace menos sincero. Lo vuelve más profundo. Hay amores que se construyen repitiendo, con detalles diarios, con la constancia de estar ahí. Y eso vale mucho más que los grandes gestos esporádicos.
Lejos de ser siempre algo malo, repetir puede ser un acto de amor, de paciencia, de confianza. A veces no necesitamos hacer algo nuevo todo el tiempo para sentir que estamos vivos. Basta con repetir con intención, con presencia, con cariño. Porque en cada repetición también se esconde una forma de transformación, suave pero poderosa, con la que se podría llegar a descubrir una especie de magia que ocurre cuando cada acción reiterada se llena de verdadera conciencia.

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