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The dream of a common language como mi utopía personal

Por: Alba Martínez Marcos


La colección de poemas que considera esta utopía (crédito @kimberlymccreight en IG).


“No one lives in this room without confronting the whiteness of the wall behind the poems, planks of books, photographs of dead heroines. Without contemplating last and late the true nature of poetry. The drive to connect. The dream of a common language."


Adrienne Rich tiene fe en la construcción de un lenguaje común. Margaret Atwood, reseñando a Rich en el New York Times, dice que es necesario tener fe para comprender dichos versos, dichas ideas, dichos imaginarios. Yo, al igual que Carmen Martín Gaite a lo largo de todo su universo literario, busco la fe a través de un interlocutor a quien poder pensar, escribir e imaginar. Mi expresión máxima de fe se encuentra en las conexiones genuinas producidas a través del lenguaje.


Todo vínculo entraña una forma propia de comunicarse, esto es, posee unos códigos, unas salidas y unos medios particulares. Es imposible replicarlos. Cada cual es producto de su contexto y de su relación. Esto es tanto, que podría aventurarme a decir que una conexión se forja una vez que tal lenguaje se sedimenta. Tal consolidación permite empatizar desde las necesidades de la persona receptora. Los silencios se tornan como naturales o como planificaciones selectivas antes que como una ausencia. La escucha, la sentimentalidad implícita, los actos de servicio o las respuestas resolutivas también forman parte de este mi lenguaje. Concibo al lenguaje, por lo tanto, como una forma de amor plena. Indispensable.


Recuerdo escuchar que cuando un vínculo muere, un lenguaje desaparece con él. Mi afán más emocional, sin embargo, se opone férreamente a dicha afirmación. Su intensidad es tal, que los diversos lenguajes no pueden destruirse. Comienzan a formar parte de una misma una vez que son creados. Tras ello es muy difícil desprenderse de los mismos. Confeccionan cosmovisiones y aquello que se anhelará o que se detestará en futuros vínculos. Las transformaciones y las transmisiones de los lenguajes originarios forman nuevas y únicas formas de comunicación ya consolidadas previamente.


Los retazos de dichas conexiones, de tal manera, se incrustan como una parte más de nosotras. El lenguaje común se forma mediante momentos, escenas y reflexiones compartidas con múltiples personas. Formamos parte de un mismo conjunto porque no somos individuos aislados. Toda interacción deja poso. Este escrito no hubiese nacido si alguien no me hubiese prestado The Dream of a Common Lenguage. Tampoco si alguien, antes que yo, no hubiese pensado acerca de la importancia de las palabras, de los silencios y de los significados que se les pueden atribuir. De esta manera, puedo pensar en un lenguaje común como una utopía compartida, lo que, sin lugar a dudas, me hace mantener la fe en el mismo.

 
 
 

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